¿Sabían ustedes que las semillas tienen derechos de autor?

Sí, como lo oyen. Existen empresas que patentan variedades de semillas, muchas de ellas desarrolladas durante generaciones por comunidades campesinas e indígenas, y luego les cobran a esas mismas comunidades por usarlas, o directamente les prohíben guardarlas para la próxima cosecha.

Mi nombre es Estefanía Alcaraz Ramírez, estudiante de cuarto semestre, y este es El almácigo. 

Hace poco quise leer un libro sobre plantas medicinales certificadas de Colombia, editado por el Banco de la República. Pensé que sería fácil de conseguir. No lo fue: para leerlo online había que pagar una suscripción, y si lo quería físico, solo existían dos ejemplares en todo el país.

Ese conocimiento no nació en una oficina con aire acondicionado. Nació en los territorios, escuchando a los abuelos, a las comunidades indígenas, a la gente del campo. Y sin embargo, alguien más terminó poniéndole precio y candado.

Esto es apenas un síntoma de algo más grande: la desaparición de las semillas nativas, la pérdida de soberanía alimentaria, y comunidades que hoy defienden su territorio y su conocimiento frente a modelos agrícolas que los desplazan.

El sociólogo Orlando Fals Borda lo llamó extractivismo académico: instituciones que le sacan el saber a la gente, le ponen un sello de «oficial», y se lo revenden. Arturo Escobar habla de extractivismo epistémico: cuando el saber ancestral se vuelve mercancía, pierde la vida.

No vengo a decirles que voy a resolver este problema. Es demasiado grande para eso. Vengo a hablarles de un aporte concreto para quienes sí están en esa lucha todos los días: los custodios y custodias de semillas, y puntualmente, la Red de Semillas de Antioquia.

El almácigo es un artefacto interactivo, con Arduino y tecnología NFC, que activa proyecciones audiovisuales al acercar “una semilla”. Cada semilla es una llave. Cada llave abre un fragmento del conocimiento de un custodio: cómo se siembra, cómo se cuida, cómo se intercambia, qué historia carga.

Como decía Paulo Freire: nadie lo sabe todo y nadie lo ignora todo; aprendemos juntos, dialogando con el mundo. Este artefacto no es un depósito de información que alguien consume pasivamente. Es una invitación a tocar, activar y conversar con ese saber.

Este proyecto no nace de la nada.

No necesitamos que nos vendan lo que ya es nuestro. Necesitamos espacios para encontrarnos y recordar algo simple: todos juntos sabemos mucho más que uno solo.

Este es apenas el primer paso de “El almácigo”. Los invito a seguir el proceso en mis redes.

Gracias.

Concept ArtProyecto

Concept Art

EstefaníaEstefaníaseptiembre 15, 2026
Marco teóricoProyecto

Marco teórico

EstefaníaEstefaníaseptiembre 15, 2026
Tipología del proyectoProyecto

Tipología del proyecto

EstefaníaEstefaníaseptiembre 15, 2026

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